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(01) LA LLEGADA.
La historia de las iglesias de Chiloé comienza con la llegada de los misioneros jesuitas a fines del siglo XVI. Ellos fueron los primeros en construir capillas de madera en la isla, utilizando técnicas traídas desde Europa y adaptándolas a los materiales y tradiciones locales.

Con el tiempo, estas capillas se convirtieron en centros de evangelización y de organización social para las comunidades indígenas. Las iglesias no solo eran lugares de culto, sino también espacios para la educación, la artesanía y la vida comunitaria.
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Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, la construcción de iglesias continuó bajo la dirección de franciscanos y otros sacerdotes. Sin embargo, la tradición arquitectónica desarrollada por los jesuitas se mantuvo, dando lugar a un estilo único conocido como Escuela Chilota de arquitectura religiosa en madera.
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Las iglesias de Chiloé se caracterizan por su construcción en madera nativa, principalmente ciprés y alerce. Sus techos son a dos aguas, con tejas de alerce o de zinc. Las fachadas son de madera tallada, con ornamentos que representan motivos religiosos, florales y animales.
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En 2000, 16 iglesias de Chiloé fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Este reconocimiento destaca el valor cultural y arquitectónico de estas iglesias, que son un símbolo de la identidad cultural de Chiloé.
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